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Visitamos a Picasso y conocimos sus ‘modelos del deseo’


Pablo Ruiz Picasso es, sin duda, un gran maestro del arte universal de todas las épocas. También un gran trabajador, constante y longevo. De su inmensa producción se podrían hacer numerosas exposiciones al mismo tiempo y en diversas capitales del globo. Su genialidad, su impronta y sus aportaciones han quedado y perdurarán para el placer de los amantes del arte durante siglos.

Dentro de este orden de circunstancias, la importancia de un comisario a la hora de abordar una exposición como esta es fundamental para hacer comprender al espectador el motivo o el período que se aborda, aunque sea de grabados como en esta exhibición, aunque sea de un Picasso nonagenario o aunque se enmarque en unos tiempos tan convulsos como los finales de los ‘60.

Fernando Castro Flórez, comisario de la exposición ‘’Picasso. Modelos del Deseo’’, nos dibuja y nos plantea a su vez un recorrido magnífico entre la Suite 347 (realizada enterita entre el 16 de marzo y el 5 de octubre de 1968) y la Suite 156 (entre enero del 70 y marzo del 72), ambas propiedad de Fundación Bancaja: un encuentro erótico con Picasso que nos invita a disfrutar del arte como una promesa de felicidad o, al menos, un instante para recordar el placer.

El sábado por la mañana en la sede de la Plaza de Tetuán, ayudados y conducidos por un excelente guía como lo ha resultado ser Alberto, los miembros de Moddos asistentes nos dimos un buen baño de cultura y de sabiduría, entre ellos Marcelo Soto, Amparo Ortuño, Sonia Gómez-Luzón, Juan Antonio Murgui, Mª José Murgui, Ana Ramírez, Lluís Nadal o el coordinador del foro Degustalia Pedro G. Mocholí, quien además de gastronomía, anda muy, pero que muy puesto en temas de arte.